last moon

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venerdì 15 luglio 2022

Recuerdos de un italiano en Londres-19

 

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La tranquila vida diaria de Oxford Street a veces se veia interrumpida por la aparición repentina y casi fugaz de los "contrabandistas".

Eran personas acechantes del este de Londres, menos malvadas y deshonestas de lo que su apodo podía suponer, que eran capaces de improvisar una venta en la calle de articulos de lujo falsos más adecuados para la comedia de Goldoni.

Por lo general, actuaban en grupos de cuatro, cada uno de ellos con un papel definido.

Llegaban a la calle Oxford en una hora topica (entre las 11.30 a.m. y las 16.p.m.) después de estacionar en su camioneta en una de las calles adiacentes. Por lo general, ocupaban un segmento de acera entre dos barras transversales; dos de ellos actuaban como postes en cada una de las dos intersecciones, por lo que nunca podría suceder que una patrulla se acercara inesperadamente y los otros dos dispusieran la caja con la mercancía en el centro del pavimento (perfumes, billeteras, bufandas, encendedores, relojes joyas, que variaban según los días, pero siempre eran marcas de lujo pero falsas).

Uno de ellos, el orador, sentado en una de las cajas de cartón, volcóada como asiento, elogiaba la calidad y el precio de los productos expuestos a la venta,, con voz exaltada en ese incomprensible dialecto de Londres, que a su vez era un espectáculo imperdible.

El cuarto compliz, el provocador, estaba colocado detrás de la multitud que regularmente se detenía alrededor del orador, atraída por ese espectáculo improvisado, y luego,  empujando el dinero, visible entre sus dedos, gritaba "... ¡Compro tres de ellos!" , "¡Quiero dos!", "¡Tomo cuatro de esos!" Arrastrando consigo a docenas de compradores que a veces daban el dinero sin siquiera saber lo que estaban comprando.

Una vez uno de los dos de guardia, consciente de la llegada de un par de bobbies, dio la alarma. En cuestión de cinco segundos, sin haber previamente tranquilizado a los clientes ocasionales sobre sus honestas intenciones, los bienes, el dinero y las cajas ya habían desaparecido, tragados desde el callejón frente a la dirección de llegada de los policías. Y después que la patrulla londinesa, completamente ignorante, desaparecia de la vista aguda de las guardias contrabandistas, en el mismo punto se iba  reformando el mercado de ventas fraudalentas. Y debe agregarse que la interrupción no le hizo mucho daño a los asuntos de la banda.

En reversa, el miedo que la banda mostraba de haber por la policia, ya sea cierto o falso, podría haber convencido a la gente de que los negocios propuestos tenían que ser muy rentables.

¡Qué bendita ingenuidad de los británicos y los turistas de Londres!

Recuerdo que mi padre solía contarme acerca de los sinvergüenzas napolitanos que vendían a los compradores ingenuos relojes de oro falso,  desde la época de la Segunda Guerra Mundial, fingiendo que eran el botín del último robo del siglo. Aunque todos conocen el Teatro Napolitano, es algo diferente de la comedia inglesa.

También recuerdo que Bob una vez me confesó que se había ganado de vivir en ese estilo, durante un tiempo, y que sabía que los que lo practicaban eran todos muy buenos chicos.

mercoledì 13 luglio 2022

Recuerdos de un Italiano en Londres -17

 

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Bob y los otros comerciantes, incluidos sus dos hermanos y una hermana, habían abandonado la escuela poco después de haber resuelto sus obligaciones escolasticas; de hecho, muchos incluso antes de ese término.

Rebelde y refractarios con las duras reglas de los profesores de la escuela inglésa, preferían la vida libre de la calle; sin supervisores jerárquicos invadiendo o reprendiendo y sin ningún tipo de obligación (no era raro que cambiaran las malas palabras con algún cliente demasiado exigente o desafortunado). Y con un gran sueldo sobre las ganancias promedio de los trabajadores y empleados de las oficinas encerradas.

Otros vendedores ambulantes eran los vendedores de periódicos. También ellos procedìan casi exclusivamente del este de Londres, pero era muy raro encontrar jóvenes entre ellos. Trabajaban al aire libre durante todo el año, ocupando las esquinas a la salida de las estaciones metropolitanas más importantes, usando una simple caja metálica dentro de la cual estaban los periódicos, y una mesa con silla de metal, y de allí emitieban algunos sonidos incomprensibles que se fusionaban con las corrientes que salìan de las entrañas de la tierra, a través de los infinitos meandros del metro; y en esos sonidos ya no se podían reconocer los nombres de los diarios Evening Standard y Evening News, que pronunciaban en una forma corta y deformada por el hábito, similar al traqueteo de una bestia herida, para atraer la atención de los pasajeros distraídos y apurados en tránsito hacia las entradas de los túneles subterráneos. 

lunedì 11 luglio 2022

Recuerdos de un Italiano en Londres-15

 

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Una vez, por ejemplo, hubo una cola larga y ordenada de clientes que esperaban ser atendidos en la máquina de helados, hasta el borde exterior de la acera.

De repente, Bob dijo que tenía que ir y hacer una llamada telefónica. Y al decir esto, mostró a los clientes una moneda de diez peniques, manteniéndola en alto entre el pulgar y el índice de la mano izquierda y silbando, con el labio superior ligeramente curvado sobre los dientes, en una serie de disparos de glotis: “Me vuelvo en un minuto! “.

Después de que desapareció en la tienda intenté hacer mi mejor esfuerzo para servir a los clientes. Cuando regresó, viendo tanta gente todavía haciendo cola, me preguntó amablemente, para dejar de lado, trazando un semicírculo con su antebrazo izquierdo y tomó una docena de conos, él fue capaz de llenarlos todos girando hábilmente la mano debajo del grifo de helado, al mismo tiempo que manejaba la palanca con la mano derecha, y mientras yo luchaba para tener los  helados en ambas manos y distribuirlos, los clientes, lo miraban con admiración. Y parecía que estos clientes tendrían la magnitud, porque había más y más detrás de ellos, y el show de Bob se repitió hasta que la máquina pudo seguir refrigerando.

Pero cuando se mantuvo alejado por más tiempo, solía preguntarme, con un gesto significativo del índice frotado en su pulgar, si tenía billetes, a los que llamaba en su jerga graciosa “wonga”.

Fue en ese momento de mi primer noviciado en Londres cuando comencé a amar a los ingleses.

mercoledì 6 luglio 2022

The real story of Patrick Winningoes-6

 

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At that question,  Mr Winningoes had set with extreme naturalness, George had brought a hand to his mouth, showing in his eyes an horrified gaze. Then he stood up, with the hand still on his mouth and ran out the room. I heard his long footsteps, through up the staircases.


-«I am sorry! I am very sorry indeed»– said the man in a resigned and sincere tone –“I have tried to gradually introduce you to the difficult matter, in order not to upset you, but it’s quietly  evident that I have not succeeded it.- "Shall we go to see how your friend is?” – he concluded standing up.

 

- « May be it’s better if I go first to talk to him on my own! We need to stay alone for a while» I told Mr Winningoes.


-« As you like» – he said quietly, sitting again.

 

I followed George upstairs, thinking at Mr Winningoes’ story. I had also accused an emotional hit to that sorrowful question, although, to say the very truth, I had expected that point of landing in Mr Winningoes’ discourse.

 

I saw George coming out from the bath. He stared at me without saying nothing. I knew he needed to be on his own, so I went to our room and lay down at the bed without approaching him.

 I closed my eyes, trying to dominate all these emotions.  I recalled into my mind the last accounts had led me to  that house, with that strange man who seemed to fright .George so heavily

 

 

It was Friday, the 9th of November 1979, right the day we were going to meet that strange Mr Winningoes, as we had soon to discover, when I had followed my friend on the wide tree-lined roads. On the sidewalks, the leaves, fallen during the night, had formed a thick and soft carpet, on which George seemed to walk with special pleasure.


It was a colorless day, of those that are counted so numerous in London, especially in the winter time. One of those days on which the diurnal light maintains the same slim intensity, from mornings to evenings, and the night comes up suddenly unexpected, when the pale and smothered reverberation of the sun, behind a thick blanket of clouds, has concluded its fatiguing daily cycle.


It blew a fresh and light breeze. But the wind, from time to time, became impetuous, and by means of violent gusts seemed to push us, like for joking or as if it wanted to encourage us to go straight ahead. And courage was exactly what we really needed, as our search of a job was becoming a serious and weary problem.


- «I don't recognize the London's gone times anymore» -George had told me, not later than the former evening, coming out from one of the many jobs agencies we had uselessly visited.
I followed him on his march, absorbed in the noise that our own footsteps produced on the leaves. The rhombus of an auto dissuaded suddenly my attention.

 


Where are we going to?» -I asked him.


We will try to go this way along»- he answered turning slightly back his head to me. « This way through we will rejoin the Maida Vale. There are plenty of job’s agencies up there .»


George knew a lot better than I that zone, being living there for the former years. He had taken that one-room flat wherein we were living together, with a girl, now got back to Italy, as he had fleetingly told me, not without a shade darkening sadly his eyes;  and after he  did not speak more about it.

 

Instead, in that same day that he told me of his passion for the esoteric philosophies. Actually ‘till then, I had reputed them exclusive knowledge of the eastern cultures, while George, rightly in the period we met, was studying at one (whose study he had to introduce me, later on), that he granted to the Huichols, a direct descending people of the ancient pre-Colombian populations that in the present state, according to what at that time he told me, were still living in the north western mountains of Mexico.

 

 

 

 

 

 

 

sabato 30 novembre 2019

Londres para siempre




Otro amigo de Franco llegó un día, junto con su novia, desde la maravillosa tierra de Liguria. 

Se llamaba Massimo y era un hombre de  buen espíritu, un alma buscando, como era yo. Pues, mas o menos, porque de verdad, cada uno de nosotros, tiene su propria busqueda y todas son diferentes, sino que de pronto llegan desde una matriz comun.
Él manejaba  algunos libros de Carlos Castaneda. Eran tres libros.


Caí en amor con los tres libros. En ellos se hablaba de  la iniciación de un joven intelectual occidental por un brujo indio, en algún lugar de las montañas de
 la Sierra Madre de México. Estos Indios se llamaban Huicholes, que quiere decir "La gente caminando con los dioses" porque así se sienten a través de la ingesta de un champiñon verde, llamado peyote, que contiene una gran cantidad de mescalina, un alucinógeno poderoso.


Pasamos mucho tiempo, hablando de estos libros y planeamos irnos a Mexico juntos.
 Él también me habló sobre un libro que el conocía  muy  bien:  las puertas  de la  percepción de Aldous Axley.
Pero me dijo que nunca quiso tomar LSD,una sustancia química,  y como tal,  él no  confíava   en élla, puesto que solo le gustaban las cosas naturales. Él quería ir a la tierra desértica del centro de México, donde los hongos crecieban.

Puede ser que sea gracias a Massimo si nunca quise probar LSD u otras cosas químicas que en aquellos tiempos s'encuentraban con facilidad en Londres. Cuando llegó la primavera decidí buscar otro trabajo.

2. continùa...